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Irati Urrestarazu

Del 02 de julio al 01 de septiembre de 2019

Sala Rekalde presenta la exposición de Irati Urrestarazu (Alsasua, 1989) dentro del programa barriek 2019 que acoge el Gabinete Abstracto y en el que se muestra una selección de los/las artistas que han disfrutado de las Becas de Creación Artística de la Diputación Foral de Bizkaia.

“¿Has visto el Bilboat? Es un barco para turistas que va por la ría que tiene pintada una franja naranja fosforescente. ¿Y el otro día? Iluminaron la torre Iberdrola de color verde, no sé por qué...”

Hay dos cosas que me caracterizan, una mi indecisión otra mi cromofobia. Entrar en el universo de Irati me supone un reto. Irati me habla de su exposición mientras se está haciendo, las posibilidades de desarrollo del proyecto son tantas, que me resulta algo morboso y un poco abrumador. Me dejo llevar y me pierdo en su relato. En un momento dado despliega una lona plateada pintada de color naranja flúor. El color se refleja en las paredes del estudio, fragmentos de la pintura naranja se despegan de la superficie de espejo y empiezan a volar y a posarse en diferentes lugares, paredes, suelos, obras. El caos empieza a desplegarse en un posible intento de construcción de sentido, los elementos dispersos comienzan a conectarse de las formas a priori menos esperadas. El color naranja conecta todo, el plateado de la lona opera como conductor, un gris óptico.

La perspectiva desde la que nos habla Irati tiene que ver radicalmente con lo pictórico, es decir, con el extrañamiento quenos generan las imágenes. Su trabajo crea una experiencia física casi psicodélica en la que uno se encuentra de repente inmerso en un mundo de color y en un estado de ánimo concreto, en lugar de ser simplemente un espectador que mira con el fin de llegar a otro lugar.

Parece que la obra de Irati nace del enfrentamiento de dos fuentes que generan en ella atracciones de igual fuerza. Por un lado lo natural, entendido como pasado lejano y futuro, un estado ideal de recuperación y equilibrio. Por otro lado lo artificial, entendido como presente y pasado cercano. Entendido como acción humana, tecnología, flúor, máquinas y trenes de alta velocidad. La colisión de estos dos factores genera un nuevo cuerpo confuso, en disolución. Un bosque rojo habitado 33 años después por bisontes, osos pardos, linces, caballos e innumerables aves… Quizás un retrato de nuestro tiempo.

Irati utiliza una herramienta de medición creada exprofeso, una escala o procedimiento personal cuyo objetivo es deducir, delimitar, tomar el pulso, asimilar y entender un contexto dado. Dicha “escala subjetiva,” siendo extraña al mundo es probablemente cercana a la artista, cercana en el sentido freudiano de Heimlich/Unheimlich. La interacción de este objeto-contexto es, entiendo, un intento de generar sentido. Parece que esta estrategia pretende hacer comunicable aspectos de la realidad que pertenecen al mundo de lo sensible y que por lo tanto solo pueden existir en relación con “el conmigo mismo”. Ya que lo sensible no es una propiedad inherente a las cosas, sino que existe solamente como relación de un sujeto con el mundo. En otras palabras, no podemos hacernos una representación del en-sí sin que se convierta en un “para-nosotros” o en palabras de Hegel, no podemos sorprender al objeto por detrás. La propuesta de Irati lleva al extremo, o al origen, esta proposición en el enfrentamiento obra-espectador, utilizando la serialidad como estructura que sirve, para marcar las diversas posibilidades de imaginar otras formas y otros mundos.

Las obras de Irati participan de una cierta poética de la inutilidad, el fracaso, el error o la imposibilidad de alcanzar la perfección. Irati dice “trabajo queriendo mal” yo lo entiendo como un ejercicio de honestidad, que va más allá de la sumisión del objeto a los deseos del sujeto (traducción de ideas a cosas). Tiene que ver, entiendo, con cómo nos relacionamos con el mundo. Una práctica cercana a la escucha. Un diálogo con lo material. Una respuesta a un estímulo. Mario Perniola nos habla de una “sexualidad neutra,” una excitación abstracta e interminable que no se preocupa por la belleza, la edad o la forma. Esta sexualidad neutral atrae los cuerpos humanos hacia cosas aparentemente muertas: objetos, piedras, trozos de materia. El “atractivo sexual” de lo inorgánico, es otra forma de expresar lo que Jane Bennet piensa como una vitalidad reluciente, potencialmente violenta, intrínseca a la materia.

La propuesta de Irati me hace pensar que los objetos pueden ser entendidos como actantes, seres dotados de poder creativo y productivo, que participan activamente en la construcción de nuestro mundo y que a su vez se comunican con nosotros. Este es solo uno de los múltiples accesos posibles a la exposición.

Javi Arbizu

LA ARTISTA
Irati Urrestarazu Zubizarreta (Altsasu, 1989) estudió en la Facultad de Bellas Artes de UPV/EHU y en la UCLM. Desde 2014 es miembro de Okela Sormen Lantegia y en 2019 comisaria de la exposición de artes plásticas GetxoArte, junto con Sahatsa Jauregi.
En 2019 ha recibido la beca de residencia de BilbaoArte y en 2017 obtuvo la beca de creación de la Diputación Foral de Bizkaia. Ha participado en diversas exposiciones, entre otras en Pamplona, Altsasu, GetxoArte 2017, Manchester, Valencia y Cuenca.



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