Del 10 de mayo al 03 de julio de 2016
La intervención realizada en la Sala Rekalde bajo el titulo Menos da una piedra, es parte de un proceso de trabajo subvencionado en su inicio por la Diputación Foral de Bizkaia y, posteriormente, por Eremuak del Gobierno Vasco.
David Martínez Suárez (La Hueria, Asturias, 1984) es licenciado en Bellas Artes por la Universidad del País Vasco, donde también ha realizado un Master.
Menos da una piedra es una expresión utilizada con cierta frecuencia en el lenguaje cotidiano, cuyo significado apela a cosas que están fuera de lo que se transmite. Una especie de resignación por realizar una tarea en la que, a pesar de obtener un escaso beneficio, es preferible conformarse.En 1797 se descubrió que el diamante era carbono en estado puro. Esto llevó a un proceso de alquimia moderna, cuando el 16 de diciembre de 1954 Howard Tracy Hall consiguió producir diamantes sintéticos y ser capaz de replicar el proceso. Creo entender, que a partir de ese momento la expresión anterior obtuvo un nuevo significado.
Cuando miro muchas performances o instalaciones de la década de los 60 y 70, me parece que fueron realizadas con el fin de terminar en una imagen en blanco y negro, como en el caso de Beuys en la Rene Block Gallery o de Vito Acconci en Sonnabend Gallery de NY. En Punto de origen partía de la imagen de una Caja Vacía de Oteiza, fotografiada en su casa de Irún frente al paisaje. Dicha imagen siempre me ha parecido muy potente, y más todavía cuando encontré otra en la que el propio artista aparecía fotografiando la caja con una cámara de medio formato a través del cristal. Ambas son directas, como instantáneas de trabajo en el estudio, pero a la vez contienen un potencial que no puedo reducir tan solo a una cuestión de fetichismo ni de nostalgia por lo analógico. Entiendo estas dos imágenes, casi de plano-contraplano cinematográfico, como parte del espacio, como algo que ocurre.
En el conjunto de operaciones que componen el proyecto Punto de origen, del cual parte la instalación Menos da una piedra presentada en la Sala Rekade, los objetos parecen susurrar testimonios de ultratumba entre lo familiar y lo extraño, la desaparición de formas de hacer así como de la relación social mitad artesanales mitad industriales, el último nexo que teníamos con el mundo pre-moderno.
Alfred Jarry, describió la bicicleta como un dispositivo cristiano de martirio y sufrimiento. Se movía por París montado en su bicicleta de pista Clement Luxe 96, sobre todo para vivir y no pensar, desde la que él mismo aseguró que las impresiones visuales se sucedían con la rapidez suficiente como para no poder retener sino la resultante.